El dióxido de azufre (SO₂) es uno de los principales contaminantes que, junto con el óxido nítrico (NOₓ) y el amoniaco (NH₃), forma parte de los procesos de acidificación.
Salud
El dióxido de azufre puede causar, en altas concentraciones, irritación de ojos, mucosas y piel, aunque raras veces se llega a concentraciones elevadas.
Vegetación

Los efectos en la vegetación varían dependiendo de la concentración de dióxido de azufre en la atmósfera y del tiempo al que están expuestas las plantas, aunque también pueden influir la temperatura, la humedad y la sinergia con otros contaminantes.
Los principales efectos en la vegetación son el amarilleo de las hojas, necrosis y caída de las mismas.
El SO₂ entra directamente al interior de las hojas a través de los estomas, donde la planta lo transforma a formas asimilables para su metabolismo. Una concentración elevada de SO₂ impide que dicha transformación se produzca con suficiente velocidad e inicia la ruptura celular.
La sensibilidad de los distintos tipos de plantas a la exposición al SO₂ en la atmósfera varía considerablemente, siendo los líquenes los más fácilmente afectados.
Materiales
Un alto contenido de SOₓ en la atmósfera causa daños a muchos tipos de materiales, bien directa o indirectamente, provocando la corrosión de metales tales como el acero, zinc, compuestos de cobre, níquel y aluminio.
Las nieblas de ácido sulfúrico procedentes de la conversión catalítica del SO₂ y SO₃ en la atmósfera, atacan a materiales de construcción como el mármol, la caliza y la piedra arenisca, provocando la degradación de patrimonios histórico-artístico.
El SO₂ también es responsable de la degradación de otro tipo de materiales como el cuero y el papel, proceso ligado a la formación de SO₃ y H₂SO₄, que provoca en última instancia la hidrólisis de celulosa y de las proteínas del cuero.
Los daños en los materiales dependen de condiciones meteorológicas y de factores de contaminación, originándose mayores daños en zonas industrializadas, ya que se han observado correlaciones entre tasas de corrosión en metales y concentraciones de SO₂ en la atmósfera.